¡Ponte a prueba! 8/2021

Hoy es viernes y por ello es el día de la semana en que proponemos desde hace cinco años un acertijo, nuestro “¡Ponte a prueba!”, para retar a la competencia lectora de los opositores, intentando así ayudar en la preparación de la temida prueba de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

Como siempre se trata de reconocer la obra y la autoría de la misma, pero, si ello no es posible (y la mayor parte de las veces no lo será en el ejercicio real de las oposiciones) bastará con razonar la época, movimiento y género del texto elegido.

Como siempre también, se puede participar indicando cualquiera de estos aspectos en la página de Facebook de opolengua.com hasta la noche del domingo. Las soluciones, con sus acertantes, se publicarán el lunes en nuestra página.

Y nada más por hoy. En este segunda ola, nos seguimos acordando de las víctimas y de sus familiares. Feliz fin de semana. Saludos y ánimo.

Esta filípica, terminada con marcado tono de ironía, y harto impertinente toda ella, no agradó al joven; pero se abstuvo de manifestar el más ligero disgusto y siguió la conversación, procurando en lo posible huir de los puntos en que el susceptible patriotismo del señor canónigo hallase fácil motivo de discordia. Este se levantó en el momento en que la señora hablaba con su sobrino de asuntos de familia y dio algunos pasos por la estancia.
Era esta, vasta y clara, cubierta de antiguo papel, cuyas flores y ramos, aunque descoloridos, conservaban su primitivo dibujo, gracias al aseo que reinaba en todas y cada una de las partes de la vivienda. El reloj, de cuya caja colgaban al descubierto, al parecer, las inmóviles pesas y el voluble2 péndulo, diciendo perpetuamente que no, ocupaba con su abigarrado horario el lugar preeminente entre los sólidos muebles del comedor, completando el ornato de las paredes una serie de láminas francesas que representaban las hazañas del conquistador de Méjico, con prolijas explicaciones al pie, en las cuales se hablaba de un Ferdinand Cortez y de una Donna Marine tan inverosímiles como las figuras dibujadas por el ignorante artista. Entre las dos puertas vidrieras que comunicaban con la huerta, había un aparato de latón, que no es preciso describir desde que se diga que servía de sustentáculo a un loro, el cual se mantenía allí con la seriedad y circunspección propias de estos animalejos, observándolo todo. La fisonomía irónica y dura de los loros, su casaca verde, su gorrete encarnado, sus botas amarillas y por último las roncas palabras burlescas que suelen pronunciar, les dan un aspecto extraño y repulsivo entre serio y ridículo. Tienen no sé qué rígido empaque de diplomáticos. A veces parecen bufones, y siempre se asemejan a ciertos finchados sujetos que por querer parecer muy superiores, tiran a la caricatura.
Era el Penitenciario muy amigo del loro. Cuando dejó a la señora y a Rosario en coloquio con el viajero, llegose a él, y dejándose morder con la mayor complacencia el dedo índice, le dijo:
-Tunante, bribón, ¿por qué no hablas? Poco valdrías si no fueras charlatán. De charlatanes está lleno el mundo de los hombres y el de los pájaros.
Luego cogió con su propia venerable mano algunos garbanzos del cercano cazuelillo y se los dio a comer. El animal empezó a llamar a la criada pidiéndole chocolate, y sus palabras distrajeron a las dos damas y al caballero de una conversación que no debía de ser muy importante.