¡Ponte a prueba! 8/2021 (Solución)

Volvemos, como cada lunes, con la solución de nuestro reto “¡Ponte a prueba!”, el acertijo que pretende ayudar a preparar la prueba de comentarios de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

En esta ocasión ha habido muchas respuestas acertadas, lo que muestra, una vez más, el alto nivel de las personas que se preparan para dar clase a nuestro alumnos de ESO y Bachillerato. Y así, Mamen Moreno acierta con el género de la obra y Adrián Gómez Acosta y José Manuel Serrano Valera aciertan con la época. Sara Piélagos Martín y Mercedes Mateos se acercan más, pues señalan el movimiento de la obra y son Virginia Luna, Fátima Lastra y Esperancita MP quienes hacen pleno pues señalan acertadamente obra y autor. Esperancita MP y Virginia Luna incluso indican la situación del fragmento, lo que indica su dominio de la novela en cuestión. ¡Enhorabuena a todos ellos y ojalá que el Día D tengan la misma suerte!

Y es que efectivamente se trataba de un fragmento del capítulo V de Doña Perfecta (1876) ,la famosa novela de tesis de Benito Pérez Galdós (1843-1920), en que realiza una crítica bastante acerada a la Iglesia y a las facciones que en diferentes provincias de España se oponían al poder del Gobierno de Madrid. En este fragmento, se aprovecha la descripción del loro para asemejarlo con el propio sacerdote, en una de los usos característicos de la descripción por el movimiento realista.

Y nada más por hoy. Volveremos el miércoles, con nuestra entrada de fondo. Feliz semana de estudio.

Esta filípica, terminada con marcado tono de ironía, y harto impertinente toda ella, no agradó al joven; pero se abstuvo de manifestar el más ligero disgusto y siguió la conversación, procurando en lo posible huir de los puntos en que el susceptible patriotismo del señor canónigo hallase fácil motivo de discordia. Este se levantó en el momento en que la señora hablaba con su sobrino de asuntos de familia y dio algunos pasos por la estancia.
Era esta, vasta y clara, cubierta de antiguo papel, cuyas flores y ramos, aunque descoloridos, conservaban su primitivo dibujo, gracias al aseo que reinaba en todas y cada una de las partes de la vivienda. El reloj, de cuya caja colgaban al descubierto, al parecer, las inmóviles pesas y el voluble2 péndulo, diciendo perpetuamente que no, ocupaba con su abigarrado horario el lugar preeminente entre los sólidos muebles del comedor, completando el ornato de las paredes una serie de láminas francesas que representaban las hazañas del conquistador de Méjico, con prolijas explicaciones al pie, en las cuales se hablaba de un Ferdinand Cortez y de una Donna Marine tan inverosímiles como las figuras dibujadas por el ignorante artista. Entre las dos puertas vidrieras que comunicaban con la huerta, había un aparato de latón, que no es preciso describir desde que se diga que servía de sustentáculo a un loro, el cual se mantenía allí con la seriedad y circunspección propias de estos animalejos, observándolo todo. La fisonomía irónica y dura de los loros, su casaca verde, su gorrete encarnado, sus botas amarillas y por último las roncas palabras burlescas que suelen pronunciar, les dan un aspecto extraño y repulsivo entre serio y ridículo. Tienen no sé qué rígido empaque de diplomáticos. A veces parecen bufones, y siempre se asemejan a ciertos finchados sujetos que por querer parecer muy superiores, tiran a la caricatura.
Era el Penitenciario muy amigo del loro. Cuando dejó a la señora y a Rosario en coloquio con el viajero, llegose a él, y dejándose morder con la mayor complacencia el dedo índice, le dijo:
-Tunante, bribón, ¿por qué no hablas? Poco valdrías si no fueras charlatán. De charlatanes está lleno el mundo de los hombres y el de los pájaros.
Luego cogió con su propia venerable mano algunos garbanzos del cercano cazuelillo y se los dio a comer. El animal empezó a llamar a la criada pidiéndole chocolate, y sus palabras distrajeron a las dos damas y al caballero de una conversación que no debía de ser muy importante.