¡Ponte a prueba! 22/2022 (Solución)

¡Ponte a prueba! 22/2022 (Solución)

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Comienza una nueva semana de estudio y nosotros la iniciamos con la solución de nuestro ¡Ponte a prueba!, el reto que publicamos desde 2016 para servir de piedra de toque y noble distracción a quienes preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en su siempre temida prueba de comentario de texto y también a todas las personas que aman nuestra literatura y su historia.

Y decíamos que el texto de esta semana era de enorme actualidad porque trataba el tema de las invasiones y del estallido popular para defender la soberanía nacional. Decíamos también que se trataba de una obra cuyo autor ha aparecido en varias veces en las oposiciones. Finalmente, señalábamos que se podía hacer un buen comentario sin reconocer obra y autor.

Y efectivamente, esto es lo que ha ocurrido, pues nuestros participantes han realizado un fino análisis de los elementos observables en el texto sin reconocer con seguridad la obra y el autor al que pertenecían. Y así, tanto José Manuel Serrano Valero, Verónica Prezioso y Rafael Robledo Simón han señalado con acierto elementos estilísticos y temáticos apuntando a la pertenencia del texto a uno de los Episodios nacionales de Galdós.

Y así era, pues el texto estaba extraído del inicio del capítulo 26 de El 19 de marzo y el 2 de mayo, tercero de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós (1843-1920), dado a la imprenta en julio de 1873, cuando Gabriel Araceli narra el inicio de la rebelión del heroico pueblo madrileño del 2 de mayo de 1808. Esta era la razón por la que nos parecía un texto de triste actualidad dada la invasión que está sufriendo Ucrania por parte de Rusia. Así pues, gran acierto de nuestros participantes. ¡Enhorabuena y ojalá que el día D tengan la misma suerte!

Y nada más por hoy. Nosotros volveremos mañana con nuestro artículo de opinión de cada semana. Saludos y ánimo.

Durante nuestra conversación advertí que la multitud aumentaba, apretándose más. Componíanla personas de ambos sexos y de todas las clases de la sociedad, espontáneamente venidas por uno de esos llamamientos morales, íntimos, misteriosos, informulados, que no parten de ninguna voz oficial, y resuenan de improviso en los oídos de un pueblo entero, hablándole el balbuciente lenguaje de la inspiración. La campana de ese arrebato glorioso no suena sino cuando son muchos los corazones dispuestos a palpitar en concordancia con su anhelante ritmo, y raras veces presenta la historia ejemplos como aquel, porque el sentimiento patrio no hace milagros sino cuando es una condensación colosal, una unidad sin discrepancias de ningún género, y por lo tanto una fuerza irresistible y superior a cuantos obstáculos pueden oponerle los recursos materiales, el genio militar y la muchedumbre de enemigos. El más poderoso genio de la guerra es la conciencia nacional, y la disciplina que da más cohesión el patriotismo.
Estas reflexiones se me ocurren ahora recordando aquellos sucesos. Entonces, y en la famosa de que me ocupo, no estaba mi ánimo para consideraciones de tal índole, mucho menos en presencia de un conflicto popular que de minuto en minuto tomaba proporciones graves. La ansiedad crecía por momentos: en los semblantes había más que ira, aquella tristeza profunda que precede a las grandes resoluciones, y mientras algunas mujeres proferían gritos lastimosos, oí a muchos hombres discutiendo en voz baja planes de no sé qué inverosímil lucha.

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