¡Ponte a prueba! 30/2022 

¡Ponte a prueba! 30/2022 

Hoy finaliza la semana. Es viernes y, por tanto, es el día de nuestro ¡Ponte a prueba!, el texto con el que retamos a todas las personas que se esfuerzan noblemente para obtener su plaza preparando las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en su siempre temida prueba de comentario. También pueden sumarse a este amable acertijo todas las personas que en todo el mundo son amantes de la lengua y la literatura en español.

Y hoy traemos de nuevo un texto con mucha relación con las últimas convocatorias realizadas en España y esto es importante porque quiere decir que textos como el que traemos podrían aparecer en las próximas oposiciones también. Obviamente, nos referimos a aquellas oposiciones en la que esta prueba tan demostrativa se siga manteniendo.

Como siempre, se trata de reconocer obra y autoría. Y si no es ello posible, hay que recordar que para hacer un buen comentario basta con razonar acertadamente la época, el género y el movimiento literario al que pertenezca el texto en cuestión.

Como siempre también, puedes participar escribiendo comentarios en la página de Facebook de opolengua.com (no en la mía personal) hasta el domingo por la noche. Nosotros daremos el lunes la solución del reto y la lista de acertantes.

Y nada más por hoy. Feliz fin de semana. Saludos y ánimo.

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:
-El amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.
El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.
-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.
Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.
FIN