¡Ponte a prueba! 35/2022 (Solución)

¡Ponte a prueba! 35/2022 (Solución)

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Hoy comienza una nueva semana en medio de una importante ola de calor. Esto nos complicará el final de curso y el estudio de las oposiciones, máxime a las personas que se presentarán en Galicia y Baleares. Pero estamos seguros de que alcanzaremos la meta. Y eso se consigue día a día. Y como hoy es un lunes, nosotros comenzamos la semana con la solución de nuestro ¡Ponte a prueba!, el texto con el que retamos a las nobles y esforzadas personas que preparan la prueba siempre de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

Decíamos el viernes que el texto elegido no había aparecido nunca en las oposiciones pero que veíamos en el rasgos que servirían muy bien como crisol en un comentario literario y filológico. Y han sido muchos los participantes que han emitido razonadamente su juicio y con gran acierto. Así, por ejemplo, Natalia de la Iglesia y Mamen Moreno señalan con acierto su pertenencia a la novela picaresca e indicando su época. José Manuel Serrano Valero y Verónica Prezioso abundan en esa idea señalando la evolución del género. Sara Piélagos Martín amplia la información señalando su ambientación en Madrid y su parecido con el Lazarillo de Tormes. Rafael Robledo Simón señala rasgos literarios y filológicos que le llevan a situarla con acierto en el Barroco e incluso sitúa acertadamente el fragmento dentro de la obra, pues estas novelas comenzaban con la genealogía vil de los personajes. Para finalizar, Iván GC señala acertadamente la obra. ¡Enhorabuena a todos ellos y ojalá que el día D tengan la misma suerte!

Y es que se trataba del capítulo inicial del Lazarillo de Manzanares (1620) de Juan Cortés de Tolosa (1589-1640), escritor y funcionario, pues era secretario de cartas latinas de Felipe III.

Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio. Saludos y ánimo.

En esta, pues, Noruega de claridad, me parece que Felipe Calçado y Inés del tamaño, padres de aquellas mugeres que aunque compran el manto entero no se sirve más que del medio, tuvieron devoción de criar un niño de los expósitos, o de la piedra. Y como el día que en Madrid sale la processión de las amas se fuessen los dos a la calle Mayor, donde mi suerte quiso que yo les agradasse más que los otros, tanto por ser varón y averme soltado del andador, quánto porque era blanco y les agradó los buenos troços de mis brazos y piernas, prometedores de no mala persona en los tiempos futuros, me llevaron consigo a la casa de los dos mayores ladrones que en España ha avido: a cuya mi ya putativa madre servía de guion en todas las más de sus acciones, una punta de hechizera, como vuessa merced adelante verá, no obstante que los dos tenían sus devociones, que es muy de la frutera aver assalariado al ciego para que la reze, y aún a derramar lágrimas oyendo el passo de los açotes, y dar con el dedo para que el peso supla lo que en él no ha puesto.
En esta, pues, fue creciendo alegre y vinoso porque aquellas hijas a cuya mayor parte por su edad cae mejor madres, me hizieron un cimiento en el estómago de sopas de vino. Fuera de qué, aquellos rufos, o como les dizen, me ahogaron en él: y digo bien, porque si el que algunas vezes llevava en el estomaguillo pudiera salir fuera, ocupara más que la misma personilla.
Diéronme tan buena negociación mis putativos padres que, antes de onze años, me llevaron al estudio, donde no permanecí, tanto por lo que vuessa merced sabrá, cuanto porque si veía hurtar a mi padre, ser hechizera mi madre, el maltrato de sus hijas, ¿como avía de aprovechar en cosa virtuosa? El ser bueno entre buenos no se haze poco, llevándose consigo cualquiera su natural, que el que mejor le tuviere por lo menos le vendrá de sus primeros padres, y hara harto en tenérselas tiessas a la mala inclinación. ¡Mire que será teniéndole malo!
Y desde esta edad haré a vuessa merced partícipe de mi vida y milagros altos y baxos, próspero y adverso dello, que si vuessa merced no lo tiene por enojo, es como se sigue. Sí que no se le hará cuesta arriba dezirle yo que el señor mi padre tenía por costumbre no tenerlas buenas. Hazia a aquellas desventuradas mugeres tantas molestias y tanto las hurtava sus dineros, que, después de averle preso muchas vezes por ello, viendo que no se enmendava le dió por su dinero un verdugo çurdo dozientos açotes derechos: digo por su dinero, porque después pagan la caridad y si no ay con qué dejan o ropilla o calçón o herreruelo en prenda.

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