¡Ponte a prueba! 4/2023 (Solución)

¡Ponte a prueba! 4/2023 (Solución)

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Comenzamos la semana, como siempre, con la solución de nuestro acertijo, el ¡Ponte a prueba!, con el que queremos seguir la máxima clásica del docere et delectare y servir como banco de pruebas a las valientes y esforzadas personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en su decisiva prueba de comentario de texto, la criba fundamental de este proceso.

Otra vez la participación en el resto ha sido notable y hay bastantes acertantes. Siguiendo la ironía cervantina (a quien rendimos anualmente homenaje en la fecha de “la ocasión más alta que vieron los siglos pasados ni esperan ver los venideros”) ya decíamos que la obra de la que habíamos extraído el texto tenía cierta fama. Y así lo han reconocido varios participantes. Tanto Natalia de la Iglesia como José Manuel Serrano Valero sitúan históricamente el texto y parecen intuir su autoría. Verónica Prezioso sí acierta al señalar con rotundidad al Príncipe de los ingenios españoles como autor y Adrián Gómez Acosta, Lydia P García, Sara Piélagos Martín y Eva López Santuy hacen pleno pues reconocen la obra y además sitúan perfectamente el fragmento ¡Enhorabuena a todos ellos y ojalá que el día D tengan la misma fortuna!

Y es que, efectivamente, se trataba un fragmento de la novela del Cautivo, una de las novelas intercaladas en la primera parte de Don Quijote de la Mancha (1605) de don Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Más en concreto, pertenece al capítulo XXXIX. En el fragmento, la voz narrativa expone las diferentes campañas en las que Cervantes participó e incluye numerosas valoraciones subjetivas que bien pudieran ser las opiniones militares de nuestro autor más insigne.

Miguel de Cervantes

Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio. Saludos y ánimo.

Halléme el segundo año, que fue el de setenta y dos, en Navarino, bogando en la capitana de los tres fanales. Vi y noté la ocasión que allí se perdió de no coger en el puerto toda el armada turquesca, porque todos los leventes y genízaros que en ella venían tuvieron por cierto que les habían de embestir dentro del mesmo puerto y tenían a punto su ropa y pasamaques, que son sus zapatos, para huirse luego por tierra, sin esperar ser combatidos: tanto era el miedo que habían cobrado a nuestra armada. Pero el cielo lo ordenó de otra manera, no por culpa ni descuido del general que a los nuestros regía, sino por los pecados de la cristiandad y porque quiere y permite Dios que tengamos siempre verdugos que nos castiguen. En efeto, el Uchalí se recogió a Modón, que es una isla que está junto a Navarino, y echando la gente en tierra, fortificó la boca del puerto y estúvose quedo hasta que el señor don Juan se volvió. En este viaje se tomó la galera que se llamaba La Presa, de quien era capitán un hijo de aquel famoso cosario Barbarroja. Tomóla la capitana de Nápoles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jamás vencido capitán don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz. Y no quiero dejar de decir lo que sucedió en la presa de La Presa. Era tan cruel el hijo de Barbarroja y trataba tan mal a sus cautivos, que así como los que venían al remo vieron que la galera Loba les iba entrando y que los alcanzaba, soltaron todos a un tiempo los remos y asieron de su capitán, que estaba sobre el estanterol gritando que bogasen apriesa, y pasándole de banco en banco, de popa a proa, le dieron bocados, que a poco más que pasó del árbol, ya había pasado su ánima al infierno: tal era, como he dicho, la crueldad con que los trataba y el odio que ellos le tenían.

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