¡Ponte a prueba! 7/2023 (Solución)

¡Ponte a prueba! 7/2023 (Solución)

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Hoy comienza una semana con día festivo de por medio. Para muchas personas estamos en mitad de un puente y eso sirve a algunos opositores para descansar tras duras jornadas de estudio y a otros para lograr un avance suplementario en el día de asueto laboral. Para nosotros es un nuevo lunes en el que debemos acudir a nuestra cita con las esforzadas y valientes personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en la prueba del comentario de texto y también con los amantes de nuestra lengua y literatura, pues nuestro ¡Ponte a prueba! es para todos.

Decíamos el viernes pasado que el género teatral no ha aparecido en las oposiciones con mucha frecuencia. Y es verdad. Hay incluso opositores que creen que no ha aparecido nunca. Y eso no es verdad. Los presidentes del tribunal número 1 (los que fijan la prueba práctica) de Madrid, Andalucía y, mucho más recientemente, de Castilla La Mancha en 2018 eligieron textos dramáticos y en alguna ocasión del autor que programamos nosotros el viernes pasado.

Como siempre, han sido varias las personas que han participado en el reto y, como siempre también, con acierto. Así Marion de Pizan, Sara Piélagos Martín y Natalia de la Iglesia adscriben la obra a su género y la sitúan perfectamente en su época. Y David González Garrido y Verónica Prezioso hacen pleno, pues reconocen obra y autor. ¡Enhorabuena a todos ellos y ojalá que el día D tengan la misma suerte!

Y es que se trataba del inicio de la escena IV de la Jornada Primera de Romance de Lobos (1908), de Ramón del Valle Inclán (1866-1936), una de sus comedias bárbaras ambientada en esa Galicia mítica e inconfundible del autor gallego.

Y nada más por hoy. Mañana volveremos con nuestra habitual entrada de fondo. Saludos y ánimo

EL CAPELLÁN.- ¡Aún está caliente el cuerpo de vuestra madre, y ya peleáis como Caínes! ¡Respetad el sueño de la muerte, sacrílegos! Esperad a que llegue vuestro padre, y él dará a cada uno lo que en herencia le corresponda. No seáis como los cuervos, que caen en bandada sobre los muertos para comérselos. ¡Cuervos! ¡Caínes!
(LOS cinco hermanos, revueltos en un tropel, siguen gritando en el centro de la estancia, y los brazos se levantan sobre las cabezas amenazadores y coléricos.)
DON FARRUQUIÑO.- Don Manuelito, esto no se arregla con sermones.
EL CAPELLÁN.- ¡También has manchado en este saqueo tus manos que consagran a Dios! Esperad a que llegue vuestro padre y él dará a cada uno lo suyo. ¡Los lobos en el monte tienen más hermandad que vosotros! ¡Nacidos sois de un mismo vientre, y peleáis como fieras que por acaso se hallan en un camino!
DON FARRUQUIÑO.- ¿Quién avisó a Don Juan Manuel?
EL CAPELLÁN.- Yo le avisé. Esta tarde salió con una carta mía, la barca de Abelardo.
DON PEDRITO.- ¡Esa es una conspiración!
DON MAURO.- ¡Qué se pretende con avisar a mi padre!
DON GONZALITO.- Debió respetarse la voluntad de mi madre, que no le llamó cuando estaba moribunda.
EL CAPELLÁN.- Porque vosotros lo habéis estorbado. Pero harto sabéis que su último suspiro fué para él. ¡Cuervos! ¡Lobos!
DON PEDRITO.- ¡Basta de insultos, que la paciencia se me acaba!
EL CAPELLÁN.- ¡Y tú el mayor cuervo! ¡Y tú el mayor lobo!
DON FARRUQUIÑO.- ¡Qué valor da el vino!
DON MAURO.- ¡Un rayo te parta, Don Manuelito!
EL CAPELLÁN.- Guardad esos fieros para las mujeres y para los rapaces, que a mí no se me asusta con ellos. ¡Sacrílegos! Vendrá Don Juan Manuel y os arrojará de esta casa que estáis profanando con vuestras concupiscencias.
DON PEDRITO.- ¡Un rayo me parta! ¡Me da el corazón que hoy ceno lengua de clérigo!
DON FARRUQUIÑO.- ¡Adobada en vino!
EL CAPELLÁN.- ¡Sacrílegos! ¡Seríais capaces de poner las manos sobre esta corona!
DON FARRUQUIÑO.- ¡No lo consentiría yo!
EL CAPELLÁN.- ¡Tú eres el peor de todos!… Ya tendréis el castigo, si no en esta vida, en la otra… Os dejo, os dejo entregados a este latrocinio impío… ¿Oís esa campana? Llama por mí y llama también por vosotros… Voy a decir la primera misa por el descanso de nuestra madre, mi protectora, mi madre. Vosotros, Caínes, bien hacéis en no oírla. ¡Sería un escarnio! Sois como los perros, que no pueden entrar en la casa de Dios.
(EL CAPELLÁN sale, y el doble de la campana que resuena en la sala desmantelada, detiene por un momento aquel expolio a que se entregan desde el comienzo de la noche los cinco bigardos.)

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