Ponte a prueba 27/2023

Ponte a prueba 27/2023

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Hoy es Viernes de Dolores; ya estamos en Semana Santa. Pero, además, eso quiere decir que en www.opolengua.compublicamos hoy nuestro ¡Ponte a prueba!, el reto con el que desde hace seis años intentamos servir de ayuda, con alegría y simpatía, a esas nobles personas que con su esfuerzo y valor dedican su tiempo a preparar las pruebas  de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura, en las que hay que comentar textos, por lo que su localización es algo importante. Se trata, además, de un reto abierto a la participación de todos los amantes de la lengua española y su literatura, más allá de los mares y las latitudes de cada cual.

Hoy traemos un texto que fue muy importante en un momento determinado de nuestra literatura y que juega con diferentes elementos genéricos, por lo que su comentario siempre es interesante. Ya sabemos que para realizar el comentario establecer obra y autoría es importante porque nos facilita los otros elementos de la localización y nos orienta como una brújula al resto de elementos del comentario; pero, como siempre decimos, podemos realizar un gran comentario razonando correctamente la adscripción del texto a su época, su género y su movimiento literario.

Como siempre, puedes participar escribiendo comentarios en la página de Facebook de opolengua.com (no en la mía personal). Pero en este caso, al iniciarse el periodo vacacional de Semana Santa, podrás escribir tu solución hasta el domingo día 9; pues, además, no publicaremos nuevo reto el Viernes Santo. Como siempre, las normas para participar en el reto son escribir los comentarios sin leer los anteriores y no acudir a internet para ayudarnos en la resolución del enigma, pues el día D no habrá más ayuda que nuestro bagaje. Nosotros daremos la solución del acertijo el lunes día 10.

Y nada más por hoy. Saludos y ánimo.

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya. Nací hace ya muchos años —lo menos cincuenta y cinco— en un pueblo perdido por la provincia de Badajoz; el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo, agachado sobre una carretera lisa y larga como un día sin pan, lisa y larga como los días —de una lisura y una largura como usted para su bien, no puede ni figurarse— de un condenado a muerte.

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