¿Cómo aprobé mis oposiciones de Lengua castellana y literatura en 1998? (y 4)

El día de mi encerrona fue un viernes o un jueves de principios de julio en Córdoba. No lo recuerdo bien. Recuerdo otros detalles. Yo era el último en hablar y hacía un calor sofocante. Como mi exposición era a las trece horas, decidí dormir en Madrid e ir en el AVE de las ocho de la mañana que llegaba a las diez menos cuarto a Córdoba. Dicho y hecho. Dormí bastante bien. La verdad es que tenía bastante confianza en mí mismo. Siempre se me había dado bien hablar en público, llevaba todos los temas y las 72 unidades preparadas y sacaba dos puntos al siguiente. Todo estaba a mi favor.

Craso error el mío. Las encerronas entonces eran diferentes a las de ahora pues había que desarrollar un unos 45-50 minutos un tema del temario y luego exponer una unidad didáctica relacionada con el mismo y aplicada al curso que uno deseara.  Al sacar las bolas, me salieron los temas 16 y 18. Dos temas que no estaban en mis favoritos. Es curioso, pero a mí, que me gusta más la literatura que la lengua, en las encerronas, salvo la primera vez que me cayó la Celestina, nunca me cayeron temas de literatura. Además, el miembro del tribunal me informó amablemente de que la persona encerrada antes que yo había elegido el 16 por lo que pensé que no me quedaba más remedio que hacer el 18 para no aburrir al tribunal. Uf. Tirarse una hora hablando de la expresión de la cantidad, de la cualidad y el grado. Algo apasionante sin duda.

En fin, me metí en el cuarto de encerrona y preparé en la hora que te daban algunas alusiones a libros que llevaba, revisé mis materiales y esperé sin saber qué más hacer la llamada del tribunal. Sabía que en ese tema no podía brillar como si me hubiera tocado el Quijote, pero en fin, muy mal lo tenía que hacer para no sacar la plaza.

Y dicho y hecho, al salir del aula para dirigirme al aula en la que se hacían las exposiciones, el tribunal me indicó que no iba a ser ahí porque el calor era sofocante y por ello nos íbamos a trasladar a la única habitación del instituto que tenía aire acondicionado y que era… el despacho del director.

Así que me improvisaron una pizarra Velleda del tamaño de cuatro folios me pusieron delante del retrato del rey Juan Carlos y ellos se sentaron al otro lado de la mesa del despacho, a menos de un metro de mí. Desde luego, no era lo que esperaba. Estaba un poco nervioso porque el tema no era de mis favoritos y porque todo parecía un tanto extraño. Me concentré en la exposición del tema, que me sabía bastante bien y salí del paso. Cuando acabé, ellos estuvieron bastante fríos y me preguntaron cuestiones en el debate que no trataban sobre el contenido  del tema sino sobre lo que yo pensaba hacer si sacaba la plaza. ¿Te vas a quedar en Andalucía si sacas la plaza o vas a renunciar por la plaza en otro sitio? Fue la pregunta así de directa. Yo les contesté la verdad. En Madrid estaba eliminado porque tan solo había sacado un 5 en el primer ejercicio y eso, con una decena de plazas, era estar eliminado seguro y que desde luego que me  pensaba quedar en Andalucía. Me dio la sensación de que no acababan de creérselo porque insistieron señalando que si me daban la plaza y luego yo renunciaba, la plaza quedaría desierta y sería una lástima. Yo me reafirmé en lo dicho y comprometí mi palabra.

Eran sobre las 14’00 y yo me fui de allí con una sensación extraña y un calor increíble. Me fui a comer a un bar cercano esperando que en poco rato, al ser yo el último, las notas estuvieran publicadas. Lo lógico, pensaba yo, es que no tardaran mucho en deliberar pues era  poner mi nota, sumar, publicar las personas aprobadas y punto.

Pero me equivoqué. Al volver a las 15’00 el conserje (del que me había hecho amiguete en las semanas previas) me dijo que llevaban encerrados en el despacho desde que yo me había ido y que cuando había ido a llevarles unas botellas de agua estaban discutiendo acaloradamente. ¡Qué cosa más rara! Eso me escamó mucho. A lo  mejor había en el tribunal quien estaba abogando porque no me dieran la plaza por creer que me iría a Madrid. Ahora me hace gracia, pero entonces no me hizo tanta. El caso es que fue pasando el tiempo y a las 18’00 horas todavía no habían tomado ninguna decisión y seguían encerrados allí tras tomar un bocadillo. Tenía que volver a Madrid e iba a hacerlo sin saber si tenía la plaza. No me lo podía creer.

El caso es que volví tras decirle al conserje que a  la mañana siguiente le llamaría para que me dijera si había aprobado. Porque volver a Córdoba solo para mirar la lista me parecía exagerado. El conserje, que era un bromista, me dijo que a lo mejor llegaba el día siguiente y no lo habían decidido, que mejor esperara al lunes. Y así me fui.

Pasé la noche casi en vela, intrigado por el resultado. Recuerdo que hasta llamé a un programa de participación del oyente para pedir consejo a un experto automovilista sobre cómo maniobrar si algún día sufría un reventón en la carretera. Increíble. Yo no había hecho algo así en mi vida. Llegaron las ocho de un caluroso día de julio en Madrid. Era viernes o sábado. Llamé al conserje del instituto Ángel de Saavedra de Córdoba.

-Menuda bronca ha tenido esta gente. Han estado hasta las 20’30 y se han ido peleados y sin hablarse entre ellos.

-¿Estoy aprobado? –le dije con medio hilo de voz.

-No estás en la lista… (yo guardé silencio) bueno ,te lo voy a leer.

 Y el tipo me empezó a leer todo lo que contenía el folio. Yo estaba expectante. Y al final me dijo “que sí, que tienes la plaza”. Estás de número 1.

Yo entonces le insulté en broma por lo que me había hecho sufrir. Nos reímos. Ahora ya no había tensión ninguna. Me contó que creía que la discusión había sido por ver a quién le daban la segunda plaza. Me dio la enhorabuena.

Tras colgar, me sentí muy sereno, como si el mar y el sol se hubieran instalado dentro de mí. Por fin lo había conseguido. Dios me había ayudado y había sido el número uno. Estaba orgulloso, pero no exultante. Había sufrido tantas decepciones los años anteriores y había peleado tanto, había imaginado tantas veces este momento y estaba tan seguro de que al final lo iba a conseguir, que cuando por fin lo obtuve, no tuve una explosión de alegría ni un gesto de gritar ni de hacer nada.

Bueno, lo siguiente que hice fue llamar a mi padre y comunicárselo. Me dijo que estaba muy contento y orgulloso por mí. Y luego, me fui a un concesionario y me compré esa misma mañana un coche. Me lo merecía.

Acerca de mí

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4 comentarios en «¿Cómo aprobé mis oposiciones de Lengua castellana y literatura en 1998? (y 4)»

  1. Mientras leía recuperaba la motivación que parecía desaparecida estos últimos días. Solo le escribía para darle las gracias por una entrada muy oportuna para estos momentos difíciles.

  2. Hola, Ana y bienvenida al blog. Muchas gracias por tus palabras. Efectivamente, las oposiciones, como sabemos son un camino duro. Y es importante encontrar aliento. A veces lo enontramos en nuestro entorno familiar y afectivo, otras veces en la música que nos exalta o en la literatura o el cine cuyos personajes nos hacen ver la importancia del valor y la fe. Otras veces en las palabras que otro escribe. Gracias a Dios yo tardé en sacarme la plaza seis largos años y pasé por esos momentos. Entonces los aborrecía. Hoy sé que fueron un crisol en el que crecí como persona. Gracias a ti por tus palabras. Y mucho ánimo.

  3. Yo estoy de los nervios ya. Me han dicho tantas cosas sobre las oposiciones… y eso que todavía me queda por exponer el Trabajo de Fin de Máster. He estudiado el Grado de Lengua y Literatura en la Universidad de Murcia y, a excepción de unos pocos individuos, el resto del profesorado es excelente… Por esa parte estoy tranquila porque he aprendido mucho. He leído cómo te fue en la última oposción. A veces pienso que no es para tanto y otras que me vengo muy muy abajo. Espero que en 2017 consiga, al menos, ser interina. Hay 250 plazas y soy muy pesimista en este momento. A pesar de ello, me ha sido muy grato leer tus palabras.

  4. Hola, FuturaOpositora: Bienvenida al blog. Muchas gracias por leerme y participar. Las oposiciones son un camino duro, de muchas renuncias y por eso es habitual que las personas que lo emprendemos tengamos ciertos altibajos. Eso es lo que hace precisamente que un porcentaje importante de personas abandone y eso es lo que hace que las palabras de aliento sean tan importantes. Debes mantener la fe en tus posibilidades y estudiar y prepararte a conciencia. El sistema está montado para entrar como tú te planteas, en dos fases. Las oposiciones, en estos momentos, son de quienes resisten. Saludos y ánimo.

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