¿Cómo decidir la mejor forma de preparar las oposiciones? (2) Sobre las dudas y su resolución.

Photo by Johannes Plenio on Unsplash
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La semana pasada hablábamos de la importancia de realizar una preparación individual de las oposiciones. Acabábamos nuestra entrada señalando que cada persona tiene sus propias necesidades (en cuanto a temario, programación y ejercicios prácticos), sus propias características personales (estudios previos, estilo de estudio o perfil psicológico) y su propia situación (laboral, familiar, afectiva…). De estos elementos podemos extraer nuestro perfil como opositor. Y es muy necesario ser honestos y realistas al valorarnos a nosotros mismos como aspirantes.

Hoy pretendemos, siguiendo el camino de la entrada anterior, abundar en las razones por las qué la preparación ha de ser individualizada y vamos a comenzar por las dudas, ya que si algo caracteriza al estudio de la oposición y a cualquier faceta de la vida es la generación de dudas. Todos tenemos dudas constantemente en muchas facetas de la vida y las vamos resolviendo como podemos. Mucho más en la oposición, donde nos surgen dudas que a veces pueden paralizar nuestro estudio o nuestra programación horas o días. Por ello, buscar quien nos resuelva las dudas es fundamental.

¿Qué ocurre en los grupos para preparar oposiciones con las dudas?

Y vamos a empezar haciéndolo a la inversa. ¿Qué ocurre cuando la preparación no es individualizada? ¿Qué posibilidades hay de formarse de forma grupal? Tenemos las academias tradicionales, las clases colectivas digitales o incluso los grupos de trabajo que entre amigos o conocidos preparan la oposición. Por pura lógica, cada uno de estos grupos se compone de individuos que son diferentes. Eso quiere decir que sus perfiles en cuanto a las necesidades, características y situaciones a las que nos referíamos más arriba son diferentes. Aplicado a la oposición de Lengua Castellana y Literatura, quiere decir que en el grupo van a coexistir personas que han hecho la carrera de Filología y la han desarrollado brillantemente, con otras personas que son también de Filología, pero que hicieron la carrera hace muchos años o la acabaron con grandes lagunas y van a coexistir con otras personas que no han hecho Filología. El grupo integrará personas que sepan más de lingüística con otras que saben más de literatura; personas que han leído mucho con otras personas que no han leído tanto… En fin, la diversidad de la vida… Y eso se traduce indefectiblemente en que sus dudas serán diferentes. Puede que radicalmente diferentes. Y esto acaba siendo un obstáculo para todos, porque hay personas que no dominan el funcionamiento de un sintagma nominal y el que sí lo domina, acaba rabiando si el preparador resuelve a menudo dudas de este tipo dedicando tiempo a preguntas que él ya conoce. Y el que sabe diferenciar con nitidez los endecasílabos rabia si se acaba preguntando una cosa que él ya sabe. ¿Por insolidaridad? No, porque él, objetivamente, está perdiendo el tiempo mientras otro lo gana para ponerse a su altura. Y la oposición es un esfuerzo muy importante como para andarnos con menudencias. El tiempo es oro. No nos preparamos para hacer amigos, sino para obtener la plaza. Los amigos se hacen de otra manera.

Luego está el grupo de personas que son tímidas y que, en gran grupo, no plantean las dudas por temor a lo que podrán pensar de ellas las demás integrantes del grupo. También están las personas que van al grupo más a hacer terapia y amistades que a prepararse las oposiciones y que acaban preguntando más sus dudas a sus compañeros de fatigas que al preparador.

Las trampas de los grupos

Mi experiencia como opositor y como preparador durante más de veinte años es que los opositores más inteligentes enseguida comprenden que la preparación grupal esconde trampas en las que ellos no quieren caer. Supongamos que una persona sabe cómo se mide una copla de arte mayor y otra no. La primera persona obtuvo esa sabiduría buscando la información en libros o en la carrera y todo ese trabajo le costó un tiempo determinado. Cuando una persona le pregunta una duda y él se la resuelve en breves minutos, le está ayudando a ponerse a su mismo nivel y a competir contra ella por mucho menos tiempo del que invirtió. En pocas sesiones se da cuenta de que eso no es una manera inteligente de preparar las oposiciones y deja de resolver dudas. Yo siempre cuento, como anécdota, que en mis grupos presenciales muchísimas personas no querían exponer su programación en público para no dar ideas a los contendientes-compañeros y recuerdo el caso de un opositor mío que dejó su programación hecha conmigo a un amigo y al final el amigo sacó plaza y él no. ¡Y esto supuso que tuvo que estar otros dos años estudiando mientras su amigo, gratis, era ya funcionario!

¿Cuál es el resultado de todo esto? Pues, obviamente, que a quien más interesa este tipo de preparación grupal es a las personas que no saben nada, pues todas las dudas les pueden ser de interés. Y ni siquiera a estas porque no pueden monopolizar el grupo para sí. Es decir, el grupo, cualquier grupo, ya sea en un instituto, en la universidad o en las oposiciones acaba caminando como grupo a la velocidad que marcha el peor de sus integrantes.

Las dudas son individuales; la preparación debe serlo también

Cada persona tiene, como decíamos al principio, sus propias necesidades y características y, por ello, tiene sus propias dudas. Por tanto, debe buscar que la preparación se ajuste a su medida. Esto no se consigue de la mejor manera en un grupo, sino en una relación individualizada y privada con quien le puede ayudar. Lo que se precisa es una persona que pueda resolvernos las dudas de forma rápida, individualizada y confidencial. Contar con una persona que nos pueda resolver cualquier duda en cuestión de horas con garantías de calidad, amabilidad y seguridad es un tesoro. Ese es el objetivo.