¿Cómo escribir 3000 palabras en un examen de oposición?

Una de las cuestiones más importantes en el examen teórico del tema propuesto es la extensión que alcancemos con nuestro tema. Todos los opositores cuentan con dos horas para desarrollar un tema, así que la cuestión es ¿cómo optimizarlas?

La nota va a depender de dos cosas: de lo que escribamos, de lo que dejemos de escribir y de la cantidad de información que aportemos.

Vamos a suponer que nuestro tema es bueno, que los contenidos que aportamos son adecuados y muestran rigor, profundidad y orden. Vamos a suponer, por tanto, que la primera parte de estas tres cuestiones es correcta y hasta buena. Nuestro temario es bueno. Ya hemos dedicado alguna entrada a cómo construirse un temario propio y siempre insistimos en que esta es la mejor opción.

Pero ahora vamos a suponer que dos opositores cuentan exactamente con el mismo temario y sólo hay una plaza. ¿Quién se la llevará? Pues si la lógica actúa (y muchas veces lo hace) la plaza será para el que escriba más palabras.

A igualdad de calidad, el que más escriba tendrá una ventaja cierta sobre los otros. No es lo mismo escribir 1500 palabras que escribir 3000. No es lo mismo presentar un examen de 8 caras de folio que uno de 16 caras. A igualdad de calidad, el que ponga más información tendrá ventaja evidente.

Así que la cuestión es ¿cuántas palabras tienen mis temas? Yo acostumbro a contar las palabras de los opositores que preparo de forma que pueda ayudarles en esta tarea. Lo primero que les digo es que escriban en una hoja durante un minuto exacto. ¿Qué escribir? Cualquier cosa que se sepa de memoria de forma automatizada, por ejemplo el Padre Nuestro o el Himno del Atlético de Madrid (si es que nos lo sabemos de memoria). También puede ser una canción de Alejandro Sanz o de quien sea. Lo importante es que no tengamos que detenernos ni un solo instante a pensar para redactar durante un minuto. Debemos escribir con buena letra y cuidando la presentación; relajadamente, pero a la mayor velocidad posible. Ponemos el temporizador del móvil en un minuto, apretamos y a escribir…

Al finalizar contamos las palabras… Lo normal es que oscilen en torno a 33-39 palabras. Si escribimos más, enhorabuena. Si escribimos menos, tampoco hay que desesperar porque con ese número de palabras se puede hacer un ejercicio sobresaliente a condición de que todas estén medidas y sean eficaces, pero si escribimos más tendremos un paso más adelante que nuestros rivales. Observemos esta tabla:

Palabras por minuto

Objetivo de palabras en dos horas

21

2520

22

2640

23

2760

24

2880

25

3000

26

3120

27

3240

28

3360

29

3480

30

3600

31

3720

32

3840

33

3960

34

4080

35

4200

36

4320

37

4440

38

4560

39

4680

40

4800

41

4920

42

5040

43

5160

44

5280

45

5400

 

Así observamos que una persona que escriba solo 25 palabras por minuto tendría un objetivo de 3000 palabras y una que escriba 38 palabras por minuto (que es mi caso) tendría un objetivo de 4560 palabras. Cuando vemos que la mayor parte de los exámenes tienen en torno a 2500 palabras (algunos incluso menos) solo hay una conclusión: casi la mitad del tiempo es desperdiciada por los  opositores en pensar. Malo cuando el día D con todos los nervios tenemos que inventar las palabras que iluminen nuestras ideas. ¡Eso debe estar hecho con antelación, calma y precisión!

Del hecho de que la mayoría de opositores no lleguen a 2500 palabras extraemos dos conclusiones: la primera, que quien escribe dos horas sin parar, aunque no tenga una gran velocidad de escritura, puede competir de tú a tú con casi cualquiera. En mi experiencia son pocos los opositores que superan las 3000 palabras. La segunda conclusión es quien escribe mucho y no se detiene a pensar (y esto lo hace poquísima gente), tiene una nota buena casi seguro (y por tanto estará muy cerca de la plaza).

¿Y cómo se consigue eso? ¿Cómo se alcanza esa velocidad de escritura? Muy sencillo: cuando escribimos sin necesidad de pensar porque tenemos tan interiorizada la expresión a escribir que nos sale “sola”, como el Padre Nuestro. Ese no fue mi objetivo a conseguir cuando me plantee estudiar las oposiciones, pero al ir perfeccionando mi sistema de estudio Opohispania, fue lo que acabé consiguiendo. Yo me acabé planteando el ejercicio de dos horas como una carrera. Cuando salía la bola se abría mi portón, y como un caballo, salía a todo galope durante dos horas. Sin parar. Sin mirar al techo.

Eso lo conseguí haciendo que los temas se interiorizasen perfectamente durante su estudio. Por eso el método Opohispania es tan riguroso y nos obliga a repetir con las mismas palabras idea tras idea, como una manera de conseguir que los párrafos que nos aprendemos nos acompañen desde el díe que nos acabamos de estudiar el tema hasta el día D. Y eso hace que incluso se queden en nuestra memoria para siempre. Ese es nuestro mérito.

En nuestra plataforma www.opolengua.com hay esquemas para reducir (lo que llamamos poda) los temas de 5000 a 3500 palabras; es decir, adaptamos el tema a las necesidades de velocidad de cada persona alcanzando a aquellas que escriben a 30 palabras por minuto.

Recuerda que si consigues recordar la misma idea de la misma forma cada vez que la piensas, llegará un momento en que no tengas que pensarla porque salga sola. Entonces solo hay que concentrarse en enhebrar una idea tras otra sin que se nos olvide una. Eso es lo que se consigue con el método de repasos. Si alcanzamos el éxito en esta tarea, la oposición (algo que parece tan difícil) pasa a ser mucho más fácil. Sobre todo, si recordamos que lo que normalmente escribe un opositor son unas 2400 palabras.