¡Ponte a prueba! 27/2018 Oposiciones de Lengua Castellana y literatura

Como cada viernes, planteamos un nuevo texto para que los opositores puedan probarse y entretenerse con una prueba similar a la que podría aparecer el día D en la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua castellana y literatura.

En esta ocasión, el texto es conocido de algunos opositores porque apareció ya en las oposiciones en los últimos años.  Siendo como es una obra difícil, resultará importante que intentemos señalar la época, el género y el movimiento, ya que es posible que no seamos capaces de indicar el nombre de la obra y el autor.

Ya sabéis que se puede participar en el acertijo a través de nuestra página de Facebook y que las soluciones se darán (también en nuestra página) el lunes.

Y nada más por hoy: os deseo a todos un feliz fin de semana para repasar los temas tal y como recomienda nuestro método y descansar, que bien merecido lo tenemos.

Saludos y ánimo.

Su esbelta negrura aterciopelada, que semeja no tener otro peso sino el suficiente para oponerse al aire con resistencia autónoma, va y viene monótonamente tras de los hierros, ante quienes seducidos por tal hermosura maléfica allá se detienen a contemplarla.
La fuerza material se utiliza ahí en gracia dominadora, y la voluntad construye, como en el bailarín, un equilibrio corporal perfecto, ordenando cada músculo exacto y aladamente, según la pauta matemática y musical que informa sus movimientos.

                  No, ni basalto, ni granito podrían figurarla, y sí sólo un pedazo de noche. Aérea y ligera lo mismo que la noche, vasta y tenebrosa lo mismo que el todo de donde algún cataclismo la precipitó sobre la tierra, esa negrura está iluminada por la luz glauca de los ojos, a los que asoma a veces el afán de rasgar y de triturar, idea única entre la masa mental de su aburrimiento. ¿Qué poeta o qué demonio odió tanto y tan bien la vulgaridad humana circundante?

                  Y cuando aquel relámpago se apaga, atenta entonces a otra realidad que los sentidos no vislumbran, su mirada queda indiferente ante la exterior fantasmagoría ofensiva. Aherrojada así, su potencia destructora se refugia más allá de la apariencia, y esa apariencia que sus ojos no ven, o no quieren ver, inmediata aunque inaccesible a la zarpa, el pensamiento animal la destruye ahora sin sangre, mejor y más enteramente.

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