¡Ponte a prueba! 2/2018 (Solución) Oposiciones de Lengua y literatura

El texto de esta semana en el concurso de Opolengua para la presentación del comentario de texto de las oposiciones de Lengua ha tenido muchos acertantes. Efectivamente se trataba del Libro IV de El estudiante de Salamanca (1840) de José de Espronceda (1808-1842). El fragmento, tal y como han señalado muchos acertantes, muestra rasgos evidentes del Romanticismo y también rasgos característicos del estilo personalísimo de su autor como la sonoridad de su verso o el gusto por lo macabro.

Así pues tenemos que dar la enhorabuena a Ruben Bejar Prados que ha identificado el movimiento; a Eva Lg, Nat-Alias Kaloia, Inés Donaire Maldonado, Lozano Rfl y Marikilla Marmol, que han acertado obra y autor y, sobre todo, a Mar Criado Rodríguez  y Elena Martínez que incluso han situado el fragmento dentro de la obra.

Recordemos nuevamente el fragmento planteado. Ya sabéis que el viernes habrá una nueva entrega de nuestro concurso y el miércoles nuestra entrada semanal comentando aspectos de la preparación de las oposiciones de Lengua y literatura.

El carïado, lívido esqueleto,

los fríos, largos y asquerosos brazos,

le enreda en tanto en apretados lazos,

y ávido le acaricia en su ansiedad;

y con su boca cavernosa busca

la boca a Montemar, y a su mejilla

la árida, descarnada y amarilla

junta y refriega repugnante faz.

Y él, envuelto en sus secas coyunturas, 

aun más sus nudos que se aprietan siente,

baña un mar de sudor su ardida frente, 

y crece en su impotencia su furor.

Pugna con ansia a desasirse en vano,

y cuanto más airado forcejea,

tanto más se le junta y le desea

el rudo espectro que le inspira horror.

Y en furioso, veloz remolino,

Y en aérea fantástica danza,

que la mente del hombre no alcanza

en su rápido curso a seguir,

los espectros su ronda empezaron,

cual en círculos raudos el viento

remolinos de polvo violento

y hojas secas agita sin fin.

y elevando sus áridas manos,

resonando cual lúgubre eco,

levantóse en su cóncavo hueco

semejante a un aullido una voz

pavorosa, monótona, informe,

que pronuncia sin lengua su boca,

cual la voz que del áspera roca 

en los senos el viento formó.

«Cantemos, dijeron sus gritos,

la gloria, el amor de la esposa,

que enlaza en sus brazos dichosa

por siempre al esposo que amó;

su boca a su boca se junte,

y selle su eterna delicia,

süave, amorosa caricia

y lánguido beso de amor.

Y en mútuos abrazos unidos,

y en blando y eterno reposo,

la esposa enlazada al esposo,

por siempre descansen en paz;

y en fúnebre luz ilumine

sus bodas fatídica tea,

les brinde deleites, y sea

la tumba su lecho nupcial.»

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